Los Caballos en la Tauromaquia

Al hablar de tauromaquia, la atención se centra en el sufrimiento del toro por ser éste la víctima intencionada; sin embargo, caballos y mulas también participan y padecen los festejos taurinos. Podemos diferenciar los caballos de los picadores, los caballos de rejoneo y los caballos o mulas que arrastran al toro derrumbado, muerto o agonizando. Además, los caballos también se usan en las tientas que se hacen en las ganaderías y en otros festejos taurinos. Nos centraremos en los caballos de los rejoneadores y de los picadores por ser aquellos con un papel más importante en la lidia y por sufrirla en mayor medida. No hablaremos de los caballos en corridas de toros fuera de España (como en las touradas portuguesas) por tener un mayor desconocimiento y por la decisión de centrar toda la información en la situación en España.

EL REJONEO

El rejoneo tiene idéntica estructura que las corridas de toros a pie, con la diferencia de que todo el proceso de castigo y muerte del toro se realiza a caballo, siendo los únicos toreros a pie los auxiliares. El matador atrae y agota al toro, en este caso, con un caballo en lugar de con un capote. El nombre viene de “rejón”, vara de madera con un arpón de acero en su extremo, similar al de una banderilla, pero más largo.

En el rejoneo ocurren más cosas, más accidentes y circunstancias graves que mantienen el respeto por ser un ejercicio de alto riesgo” (Manuel Baena, rejoneador y estudioso taurino).

La diferencia principal entre el rejoneo y las touradas es que en el rejoneo el matador va a caballo, mata el toro desde el caballo con una espada (rejón de muerte) y los cuernos de los toros deben permanecer intactos, mientras que en las touradas el toro no se mata en público y sus cuernos se cubren con una capucha de cuero para proteger al caballo de posibles accidentes.

Desde que sale el toro hasta su muerte, el proceso se divide en tres tercios:

  1. Rejones de castigo

En función de la fuerza o mansedumbre del toro se le clavan dos o tres rejones de castigo (Art. 88.5). Estos serán de un largo total de 1,60 metros y la lanza estará compuesta por un cubillo de seis centímetros de largo y 15 de cuchilla de doble filo para novillos y 18 centímetros para los toros, con un ancho de hoja en ambos casos de 25 milímetros. En la parte superior del cubillo llevará una cruceta de seis centímetros de largo y siete centímetros de diámetro en sentido contrario a la cuchilla del rejón (Art. 67.1). Estas largas dagas permanecen clavadas en el animal el resto de la corrida, cortándole por dentro.

  1. Tercio de banderillas

El rejoneador no puede clavar más de tres farpas o pares de banderillas (Art. 88.5). Las farpas tienen la misma longitud que los rejones, con un arpón de siete centímetros de largo por 16 milímetros de ancho (Art. 67.2). Las banderillas cortas tendrán una longitud de palo de 18 milímetros de diámetro por 20 centímetros de largo con el mismo arpón que las banderillas largas, pudiendo ser de hasta 35 centímetros. Las banderillas rosas consistirán en un cabo de hasta 20 centímetros de largo con un arpón de ocho milímetros de grosor (Art. 67.4).

Como se trata de un tiempo donde se busca el mayor lucimiento posible, para conseguirlo había que conseguir que los caballos pudiesen ir al toro las más veces que se pueda. Para ello ahora, se colocan las banderillas de una en una y esto ha

permitido doblar el número de entradas. De hecho en el tiempo que se emplea en banderillear es cuando se procura exhibir los caballos más vistosos, los que hacen más cosas que gusten al público, bien sea toreando para colocar al toro, o citándole para provocar sus embestidas o poniendo las banderillas de las formas más vistosas y arriesgadas” (Manuel Baena).

  1. Rejón de muerte

El rejón de muerte es una espada larga elaborada como rejón. Las medidas legales son un máximo de 1,60 cm de largo, con un cubillo de 10 centímetros, y las hojas de doble filo 60 centímetros para los novillos y 65 para los toros, con 25 milímetros de ancho.

El Presidente es el que ordena el cambio de Tercio y, por lo tanto cuando comienzan los rejones de muerte. El caballista debe haber clavado, al menos, dos rejones de muerte para que pueda echar pie a tierra o intervenir el subalterno (torero que forma parte de la cuadrilla del Matador) para matar al toro. Es decir, pueden clavarse varias de estas espadas en el animal para matarle sin que por ley haya un número máximo (Art.88.5).

LOS CABALLOS DE REJONEO

En el rejoneo, el torero monta caballos que se han entrenado especialmente para evitar el enviste del toro, pero sin huir de él. El rejoneo se hace con varios caballos, de forma que estos estén “frescos” mientras se va agotando al toro, un animal menos ágil y veloz que un caballo, y para que cada caballo se “exhiba” en su especialidad.

El sufrimiento de los caballos durante estas corridas de toros tiene varias causas:

  • Primero, por el estrés básico causado por todo animal que es transportado y al que se le obliga a estar en lugares abiertos desconocidos rodeados de cientos o miles de personas.

 

  • Segundo, por el estrés aún mayor que le causa a un caballo no poder huir ante un peligro (su única e instintiva forma de defenderse y para la que está física y psicológicamente prepaprado) sino quedarse quieto esperando una embestida y reaccionar de forma brusca en el último momento o incluso correr hacia el toro. Y esto sólo se consigue tras largos y severos entrenamientos, tercera causa de sufrimiento de los caballos de rejoneo.

 

  • Los entrenamientos buscan dos objetivos: el primero y más básico es que el caballo haga absolutamente todo lo que le ordene el caballista, para lo cual hay que sobreponerse a sus instintos naturales ante algo tan instintivo como la respuesta al miedo. El segundo objetivo del entrenamiento es que el caballo aprenda ejercicios de doma clásica para que sus movimientos sean más artificiales (“más armónicos y hermosos“) y entretener más al público.


Basta leer a los propios rejoneadores y estudiosos del rejoneo respecto al primero de los objetivos:

“Al caballo lo tiene que dominar el rejoneador de manera absoluta, haciendo todos los movimientos tal y como los piensa el rejoneador. Esto sólo se consigue a base de entrenamientos muy duros, muy largos y constantes.

Los caballos de rejoneo son los instrumentos que delante del toro harán la función del engaño. Para conseguirlo tienen que estar absolutamente sometidos a las órdenes de su caballista y obedecerlas de forma súbita, inmediata y siempre. Esto solo se consigue a base de un entrenamiento insistente y continuado, constante, repetido tantas y tantas veces… 

El caballo es eminentemente cobarde y lo hace todo por miedo y por eso, conseguir que el caballo toree, resulta mucho más notable y meritorio. 

El caballo de torear está sometido a su caballista, de tal forma, que acepta las órdenes que recibe de este y las cumple ciegamente. Es así, por eso la doma es: Repetir, repetir, y repetir.” 

Cabe recordar que el caballo no ha elegido el camino de entrenamientos duros y constantes, sino que es forzado a ello para obligarle a hacer algo antinatural y entretener al público, como sucede en otros espectáculos con animales, como circos y delfinarios. Estos animales, convertidos en esclavos, no nos pueden comunicar si el día de entrenar los saltos, por poner un ejemplo, tienen un dolor de tripa insoportable o están mareados. Tampoco importa el miedo que pasen ante las diferentes situaciones a las que se les enfrenta; tendrán que hacerlo y si no serán castigados o condenados a repetir lo mismo infinitas veces, ya que el objetivo es que lo hagan, sí o sí.

  • Cuarto, las heridas causadas en sus flancos por el uso intenso y repetido de las espuelas del jinete durante la corrida de toros, que a menudo deja una señal sangrienta visible, así como las dolencias derivadas de soportar el peso de una persona a diario, en los entrenamientos y durante la lidia.

 

Como bien ha explicado el veterinario José Figueroa refiriéndose a las lesiones de dorso de los caballos montados por personas con cualquier fin, “el caballo nunca fue concebido para llevar a una persona encima. Estamos sometiéndole a un esfuerzo para el que no estaba preparado originariamente“. Y dado que los movimientos de estos caballos son bruscos y que a veces se les fuerza a hacer piruetas, saltos en el aire o a apoyarse sólo en sus patas traseras, es fácil que aparezcan lesiones de espalda. 

  • Quinto, fracturas y otras lesiones en las extremidades producidas al realizar movimientos bruscos, saltos en el aire, paradas en seco, cambios de ritmo violentos…etc.

 

  • Sexto, heridas severas y muertes producidas por las cornadas del toro, tanto públicamente en la plaza como en los entrenamientos a puerta cerrada.

 


La lista, por ejemplo, del año 2000, incluye, al menos, a estos caballos gravemente heridos o muertos en corridas de toros públicas en plazas importantes:

    1. El 17 de mayo de 2000, el caballo IMPERIAL fue herido de gravedad en el vientre, en Jerez de la Frontera, lo que derivó en una peritonitis que le causó la muerte.
    2. El 20 de mayo de 2000, FUSILERO fue herido en Madrid. El 1 de octubre volvió a ser corneado en el vientre, afectándole también la pleura del pulmón izquierdo, en Zafra (Badajoz).
    3. El 21 de mayo de 2000, CAFÉ tuvo que ser sacrificado en Osuna (Sevilla).
    4. El 18 de agosto de 2000, caía herido NAPOLEÓN en Leganés (Madrid).
    5. El 23 de agosto de 2000, cayó ROMANCE en Palma de Mallora (Islas Baleares).
    6. El 2 de septiembre de 2000, murió ZURBARÁN, de una cornada en Medina del Campo (Valladolid).
    7. El 13 de septiembre de 2000, murió CAPARICA por una cornada recibida en Guadalajara.
    8. El 15 de septiembre de 2000, murió MARISCAL en Ampuero (Cantabria).
    9. El 2 de octubre de 2000, BURRITO resultó herido en Medina de Pomar (Burgos).
    10. El 8 de octubre de 2000, BALANCíN murió en Zaragoza de una terrible cornada en el vientre, al resbalar cuando el jinete ‘citó en corto’ al toro. El caballo cayó hacia atrás. La cornada le rompió 3 costillas, le destrozó un pulmón y le sacó los intestinos.
    11. El 14 de octubre de 2000, SALGUEIRO recibió una cornada mortal en Calanda (Teruel).

Como nota final, destacar que la competencia entre cuadras de caballos es brutal, lo que hace no sólo que los animales se entrenen hasta la extenuación, sino que rejoneadores de una cuadra intenten lesionar o matar a caballos de otra, como ha pasado en varias ocasiones; un ejemplo reflejado recientemente en la prensa es la celebración del juicio en marzo del 2010 por la quema de los caballos de Domeqc dentro del remolque en 2001, muriendo seis de ellos y sufriendo importantes lesiones otros tantos, por parte de rejoneadores que veían en ellos la competencia. 

LOS PICADORES

En el primer tercio de una corrida de toros, el Tercio de Varas, aparecen los picadores, cuya labor es clavar al toro las puyas para destrozarle los músculos del cuello y que pierda sangre. Habitualmente salen tres caballos por corrida, más uno en la puerta de cuadrillas de reserva. Hay más información sobre los picadores en el apartado FASES DE UNA CORRIDA DE TOROS TÍPICA.

LOS CABALLOS DE LOS PICADORES

Si bien los caballos de rejoneo son elegidos cuidadosamente y son caballos que, por su belleza y doma cuestan mucho dinero, y son apreciados, a su extraña manera, por sus dueños, los caballos de los picadores serían la “carne de cañón”. En este caso no se requieren características especiales ni entrenamientos, sino sólo animales grandes (entre 500 y 650 kilos de peso, art. 60 reglamentación vigente) que aguanten los embestistes y que sean facilmente reemplazables.

El picador cuenta con auxiliares llamados monosabios; se cree que el nombre proviene de un circo que llegó a Madrid el cual traía unos monos bailarines que vestían con una casaquilla roja, ya que los auxiliares visten camisa roja. En el pasado, el papel de los monosabios era coser las heridas y retirar a los caballos muertos. Hoy en día, los monosabios visten a los caballos con los petos, auxilian a los picadores en el ruedo en caso de caída, levantan a los caballos caídos, revisan las picas y “guían” (pegan) a los caballos con unas varas largas de madera.

Una breve historia de la evolución de los caballos de los picadores la sacamos de una cuadra encargada a suministrar este tipo de animales:

Durante los años veinte se produce un espectáculo en las plazas de toros que realmente tenía unos resultados catastróficos en cuanto al tercio de varas, eran múltiples las muertes de caballos producidos por las cornadas de los toros, los caballos no iban recubiertos con ningún tipo de protección, por lo que había que disponer de una importante cuadra de caballos; alrededor de unos 120 caballos por temporada (sólo por parte de esta cuadra), para hacer frente a la demanda de espectáculos. En el año 1930 se produce la aparición del peto para cubrir parte de la fisonomía del caballo. Durante los años 50-60 se obliga a que los caballos tengan un peso de 500-650 Kg. Durante los años 60-80 se empieza a buscar un caballo de más peso, consiguiendo así que no fuera tan accidentada la suerte de varas, porque hasta la fecha eran muy habituales los derribos trayendo como consecuencia las lesiones de caballo y picador. En el año 92 se prohibió traccionadora para picar (art 60 reglamentación vigente), se redujo la puya y el peso máximo del peto se unificó en 30 Kg“. 

El sufrimiento de los caballos de los picadores se debe a varias causas:

  • Primero, por el estrés básico causado por todo animal que es transportado y al que se le obliga a estar en lugares abiertos desconocidos rodeados de cientos o miles de personas.

 

  • Segundo, por el estrés aún mayor que le causa a un caballo no poder huir ante un peligro (su única e instintiva forma de defenderse y para la que está física y psicológicamente prepaprado) sino quedarse quieto esperando una embestida y aguantarla.

 

  • Tercero, por llevar los ojos tapados, lo que le impide saber cuando va a ser embestido, por qué lado y dónde está la barrera; esto le impide huir, incrementando su miedo por no saber dónde está ni qué pasa, y además facilita la pérdida de equilibrio.

 

  • Cuarto, por el peso del picador (con su traje y protecciones), de la montura y del peto, peso que a veces tiene que soportar en situaciones inestables.

 

  • Quinto, por los embistes del toro. El peto es una lona, no una armadura, por lo que toda la fuerza del toro (que al inicio de la corrida aún no está muy debilitado) carga directamente sobre sus costillas y su vientre. Esto provoca rotura de costillas y lesiones internas en diferentes órganos.

 

  • Sexto, por las habituales caidas al suelo. El caballo no puede levantarse debido al peto, por lo que sólo le queda dar patadas al aire y esperar a que los auxiliares le levanten o el toro le embista.

 

  • Por las heridas que ocurren cuando el acolchado es insuficiente o cuando el toro embiste al caballo caído en el suelo, siendo en este último caso habitualmente mortales.

 

Los caballos de los picadores son matados y reemplazados cuando las lesiones les impiden realizar la función correctamente.

Si bien se han dado casos de caballos de picadores que han sido ‘tratados’ de antemano poniendo algodón o periódicos mojados en sus oídos o hasta cortando sus cuerdas vocales, no podemos confirmar si esta práctica se sigue realizando y, en cualquier caso, el sufimiento visible es más que suficiente. Sí parece más habitual el uso de drogas tranquilizantes.

LAS TIENTAS EN LAS GANADERÍAS DE TOROS DE LIDIA

En estas tientas se mide la bravura de vacas y novillos, tanto para hacer una selección de los animales más bravos para la cría como para ver si puede utilizarse ese individuo para la lidia. Si bien hay tientas en campo abierto, otras se llevan a cabo en los cosos de las ganaderías. La información se ampliará en el apartado correspondiente a la vida y crianza del toro de lidia.

LOS CABALLOS PARA TIENTAS EN GANADERÍAS DE TOROS DE LIDIA

Para las tientas a campo abierto, basadas en el acoso y derribo, se suelen utilizar los caballos que habitualmente montan los ganaderos o los mayorales. En el caso de que la tienta sea en el coso de la ganadería, el caballo lleva los ojos vendados y el peto y tiene la misma función que el caballo del picador.

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